La etiqueta "fibromialgia" describe un padecimiento que incluye, fundamental pero no exclusivamente, dolor generalizado, cansancio, mala calidad de sueño y dificultades cognitivas.
Hay que creer el relato del paciente, tal como se expresa. El sufrimiento e invalidez son absolutamente reales. Si dicen que les duele todo, incluso el pelo, las uñas o las pestañas, es que es así.
La fibromialgia es una enfermedad real. Quien la padece reside en un organismo que hace insufrible el día a día.
La necesidad de prestar toda la ayuda disponible, incluido el reconocimiento de incapacidad, es un derecho que no debe discutirse.
La ansiedad y depresión no son la causa de los síntomas, sino su consecuencia. Pueden también coexistir. La fibromialgia no es una depresión encubierta. No es una somatización.
Habrá quien considere que todo es psicológico.
Habrá quien sostenga la tesis de una enfermedad mal comprendida e incurable.
Habrá quien (es nuestro caso) contemple la hipótesis del error evaluativo neuroinmune.
La hipótesis del error evaluativo sitúa el origen del problema en el conocimiento acumulado durante el aprendizaje. Lo que creemos, deseamos y tememos depende de la instrucción experta acumulada, integrada con la experiencia propia y ajena de eventos patológicos, físicos y psicológicos.
El cerebro no amplifica por estar averiado, sino por evaluación de amenaza errónea, aprendida.
Entender la fibromialgia hace que puedas librarte de ella. No es necesariamente fácil de aplicar, pero es simple: la fibromialgia ocurre en un organismo completamente sano que protege de forma descabellada. Y no es culpa tuya. No es psicológico, no te lo inventas.