Explorando desde la Psicología (II)

Como decía en otro de los puntos de la introducción a esta serie de entradas, “por supuesto, la intensidad de los síntomas lo marca todo. Para mí esto es fundamental, es el límite que debe marcar la “exposición” del paciente. Cuando es tolerable, el tipo de afrontamiento que esboza la pedagogía del dolor (seguir con las actividades cotidianas, los planes, los viajes, etc.) se lleva a cabo y, además, refuerza la idea de que el camino es el correcto porque ves incrementado tu nivel de actividad y de tolerancia. Pero cuando la intensidad del dolor o de un síntoma es “insoportable”, seguir adelante con las actividades programadas no siempre es posible por más que uno se empeñe. Hay que conseguir un equilibrio para no desanimarse o entrar en pánico cuando algo que uno ya podía hacer, de pronto ya no es viable. Aunque es difícil este equilibrio. Muchas veces, no obtener recompensa tras el esfuerzo, sino más y más penalización es muy frustrante».

Y cuando la intensidad de los síntomas lo condiciona y acapara TODO, controlar las emociones es tan difícil… Espero que Mar nos facilite alguna pista en la continuación a su anterior relato.

EXPLORANDO DESDE LA PSICOLOGÍA (II): “Los obstáculos en el proceso de la pedagogía” 

Mar Tascón. Psicóloga Clínica
 

Decía en la entrada anterior que las personas con dolor suelen ir construyendo un kit particular de afrontamiento que incluye múltiples formas de intentar controlar y eliminar el dolor. Y aunque con ninguna de esas formas logran acabar definitivamente con él, las mantienen porque PIENSAN que eso es lo que TIENEN que hacer.

Cuando uno ACEPTA el proceso de “afrontamiento pedagógico”, se encuentra con una forma de actuar que suele “chocar” con lo que la mayoría de las personas PIENSAN/SIENTEN que DEBEN hacer frente al dolor. Eso significa que va a experimentar un cierto nivel de sufrimiento “emocional” como parte ineludible del camino de la pedagogía. Adaptar el kit particular de afrontamiento requiere estar dispuesto a aceptar aún más malestar.

Esto no pinta nada bien, ¿verdad? Parece que es una tarea imposible. Lo parece pero todos lo hemos hecho en algún momento de nuestras vidas. Cierre los ojos y trate de evocar experiencias previas en las que conseguir algo que era realmente importante le ha generado sufrimiento a corto o medio plazo. ¿Recuerda alguna?

Dese unos minutos. No tenga prisa. Esta entrada es un pequeño viaje en el que hay que embarcarse sin prisa por llegar al final, sino centrándose en cada fase del proceso.

¿Qué se le ha ido ocurriendo? Hacer ejercicio físico, preparar un examen, ir al dentista, ponerse una vacuna, hacer dieta, someterse a una operación quirúrgica, parir… Intente recrear esa experiencia: en qué pensaba, qué sentía, qué hacía… Muy bien, sigamos.

Vuelva a cerrar los ojos y trate de concentrarse en su respiración durante unos minutos.

Siga leyendo y trate de recrear cada momento de la escena que le voy describiendo.

«Imagine que es el conductor de un autobús. El autobús contiene en su recorrido unas metas a las que debe llegar para que
SU viaje merezca la pena y tenga sentido. Usted tiene la capacidad de conducir el autobús, de frenar, de acelerar, de parar, etc., pero en ningún momento puede elegir qué pasajeros se van a subir. Algunos le son indiferentes, otros le gustan y le hacen sentir bien, otros son amenazantes y le dan miedo. A pesar de su aspecto y de la emoción que le generen, ninguno de ellos puede conducir el autobús y tampoco pueden tocarle ni dañarle de ninguna forma. Aun así, usted va continuamente observando el tipo de pasajero que espera para subir a su autobús. 

En muchas ocasiones, estará tentado a no pararse para impedir que suban. Así que habrá paradas, metas, que son importantes y que abandonará así como también dejarán de subir pasajeros de los que le hacen sentirse bien y le gustan. Por mucho que lo intente habrá algún pasajero indeseable que logrará subir en el autobús. Cuando entre, usted estará más pendiente de dónde se sienta, qué hace, qué dice, de cómo le hace sentir, de forma que deja de prestar atención al recorrido, a la conducción… se pasa paradas que no ve porque está absorto vigilando a los pasajeros indeseables. 

En otras ocasiones, los pasajeros se le acercan y le van pidiendo que se desvíe del recorrido que usted ha elegido y que la da sentido a SU viaje. Se resiste, pero PIENSA que si les hace caso, lo dejarán en paz, se bajarán por fin de su autobús. De forma que altera su viaje y va guiando el autobús por donde le ordenan los pasajeros. Hay momentos donde se siente en paz por librarse de la presión de estos pasajeros pero llegan otros que le reprochan que está incumpliendo su compromiso como conductor, que no cumple con su función, etc. Llega un momento en el que haga lo que haga, el autobús está lleno de pasajeros que le increpan, le amenazan, le suplican… y los momentos de paz son cada vez más fugaces y el viaje, SU viaje, pierde todo sentido». 

¿Se siente identificado? ¿A dónde va su autobús? ¿Cuál es su meta final? ¿Qué objetivos/paradas son importantes para usted? ¿Suele desviarse de ellas? ¿Cuáles son sus pasajeros indeseables: qué le dicen, qué le hacen sentir…?

Uno de los pasajeros indeseables suelen ser las emociones: la tristeza, la rabia, la vergüenza, la culpa, la desesperanza, el miedo. Intente recrear una situación en que alguna de estas emociones le tenía completamente secuestrado. Céntrese en la emoción, en los pensamientos asociados, en lo que usted hacía. Bien, abra los ojos pasados unos minutos y siga leyendo.

Vuelva a recrear la escena que le voy describiendo.

«Imagine que está en una sala de cine y en la pantalla proyectan una película de miedo. Usted no la quiere ver, de hecho había comprado una entrada para una comedia. Cree que ha sido un error pero no tiene acceso a la persona que proyecta en la pantalla. Tampoco puede salir de la sala hasta que termine la película. Intenta cerrar los ojos, taparse los oídos, empieza a desesperarse, los minutos pasan lentamente, no cree que pueda seguir aguantando… Haga lo que haga la película sigue y sigue… Todo está preparado para que usted no pueda escapar. La pantalla es enorme, la tiene justo delante, la sala está a oscuras y no puede ver nada salvo las imágenes que se proyectan, los altavoces impiden escuchar otro sonido que no sea el de la película… 

Pasado un tiempo, decide dejar de taparse los oídos y de cerrar los ojos. Mientras las imágenes y los sonidos siguen su marcha, usted empieza a imaginar cómo es la persona que proyecta la película, por qué ha puesto una película de miedo y no una comedia, a recordar cómo era la persona que le vendió la entrada, decide comerse las palomitas que compró, intenta vislumbrar si hay otras personas en la sala, de qué color son los asientos, dónde están colocados los altavoces, intenta imaginar cuántas veces habrán tenido que doblar la escena que se proyecta, si habrán necesitado un doble, cómo se llamará la actriz, se fija en lo atractivo que es el protagonista, atiende a la banda sonora, etc…». 

 ¿Cómo se siente ahora?

Hay una frase que suelo repetir como si fuese un mantra en momentos en los que la emoción intenta secuestrarme: “Tú no eres lo que sucede, eres a quien le sucede”.

Por último, le invito a visualizar el proceso de la pedagogía del dolor como si fuese un sendero de montaña.

«Cuando va siguiendo un sendero, hay muchos momentos en que no ve el final. A veces, ni siquiera se ve el siguiente tramo. Cuando el sendero va cuesta abajo, uno se siente fuerte, capaz, feliz, esperanzado, confiado, etc. Pero en todo sendero de montaña, la pendiente varía y puede sorprendernos una cuesta ardua. Y en ese momento, empezamos a sentir que no podremos más, que no vamos a ser capaces de acabar. En otros momentos, pareciera que el sendero gira pero no avanza y uno empieza a pensar que se ha perdido. El sendero es el mismo, el objetivo no ha variado pero en cada momento las emociones y los pensamientos van cambiando en función del tramo en el que nos encontremos». 

En momentos de atasco o desesperanza siempre podemos recordar que si pudiéramos ver todo el sendero desde un helicóptero, claramente veríamos que cada tramo nos acerca al objetivo y es necesario para llegar a la meta. Y que en los tramos más duros, podemos dejarnos secuestrar por la película de miedo o fijarnos en las flores que hay en el camino.

Mar Tascón

Gracias de nuevo Mar por tu aportación. Sólo añadir que las estrategias propuestas son  adaptaciones de los autores Steven C. Hayes, Kirk Strosahl y Kelly G. Wilson.