Inténtalo una y otra vez, hasta que el miedo te tenga miedo

Conocer un poco sobre la Neurociencia del dolor, desde una perspectiva Biológica, es lo mejor que me ha pasado en muchos años.

Soy Marta y tengo 44 años. Desde muy joven, sufro dolores constantes en la zona lumbar y los llamados “pinzamientos ciáticos”. Hernia discal L4-L5. Reconocida al hacerme resonancia magnética. Por desgracia, no recuerdo un solo día en el que no me haya dolido la espalda.

El hecho, de sentirme a nivel psicomotor como una muñeca Playmobil y negarme a seguir tomando medicamentos recetados (simplemente porque no me quitaban el dolor y me empezaban a trastocar el sueño), mi médico de cabecera me habló de Arturo Goicoechea.

Así, llegué a la consulta de Asier Merino y Maite Goikoetxea.

Hasta ese momento, siempre había pensado que, para quitar el dolor de espalda, se necesitaba muchísimo reposo, antiinflamatorios, relajantes musculares varios, ejercicio físico diario (en mi caso, pilates), una dieta sana, etcétera. Vamos, básicamente lo que me han enseñado hasta ahora y lo que yo sin ninguna duda he interiorizado sin pestañear. No quiero decir, con esto, que no sea sano, ni mucho menos. Pero en mi caso con “dolor cronificado” y duradero, no me funcionaba. Quiero aclarar que he probado de todo… y el dolor seguía ahí. ¿POR QUÉ…? ESA ERA MI VERDADERA PREGUNTA. Y así, conocí a María Jiménez. Me explicó de una manera muy sencilla (descartando, por supuesto, “enfermedad  grave”…, CONCLUSIÓN: ESTOY SANA), que el CEREBRO retiene en mi conciencia esa información y que cuando se enciende la señal de alarma (simplemente porque cree que hay que PROTEGER la zona), me avisa a través del DOLOR. Así por lo menos lo entendí yo.

Qué decir sobre esto…, mi mundo construido hasta ese momento se fue al garete. No es fácil reconocer, pensar y asumir que, aunque el Cerebro como tal hace muy bien su trabajo, en ocasiones, la información que da es errónea. ¡Madre mía, madre mía…! En ese momento, la que se me vino encima. Si yo, hasta ese día, era una “paciente catastrófica”… a partir de ahí, ¿qué me tocaba ser…?

Qué peculiar es mi historia, siendo Educadora Infantil y trabajando con mis familias año tras año que al bebé hay que dejarle “moverse en libertad” (consejos doy, pero para mí no tengo…), yo no era capaz de moverme de forma sencilla y natural. 

Reflexionando sobre ello y sin esperarlo, ahí estaba lo que yo no me imaginaba en absoluto: MIS MIEDOS PERSONALES. Miedo a moverme y hacerme daño otra vez. Qué duro es decirlo, pero es así, simplemente. MIEDO, MIEDO, MIEDO…

Leer la frase de Arturo Goicoechea: ”Aprender a desaprender lo aprendido” fue para mí la clave de todo este proceso. ¡Reeducación pura y dura! 

No es algo sencillo, ni mucho menos. Pero yo, poco a poco, y recordando la frase maravillosa de María: “¡Marta, tranquilité, no pasa nada, sigue así, no estas rota, estas sana…!” me ha llevado a conseguir levantarme todos los días y pensar que, aunque sienta dolor, no debo de dejar de hacer lo que he planificado en el día. Básicamente, disfrutar de lo que una espera de la vida sin MIEDO…

No sabéis lo gratificante que es ir recuperando lo que un día fui: bailar, andar, ir al monte, tomar una caña con los amig@s, disfrutar en el trabajo,…. Son retos personales que estoy intentando superar. Simplemente, hacerlo sin miedo y sin prejuicios es una victoria personal notoria.

Es una lucha dura y de largo recorrido. Pero como diría Arturo Goicoechea: “NO TIENES NADA QUE PERDER, SOLO EL DOLOR” (frase de Kevin Allcoat, seguidor del Blog de Arturo Goicoechea).

MARTA